Desde el acantilado

29/1/11



Probablemente necesite otros cinco años para escribirte otro libro de 300 páginas, tal vez un poco menos. Estoy completamente claro que no hay que apurar a la historia ni adelantarse a los acontecimientos…


Mientras, prefiero mirar el atardecer desde el acantilado y percatarme que luce exactamente igual contigo en la distancia y seguirá así sin importar lo que llegase a pasar o lo que lleguemos a hacer…

Esta deshistoria me ha enseñado que cada noche de insomnio contando estrellas, simplemente para hacer tiempo, ha valido la pena y ha sido causal de este reencuentro…
Sólo soy un escritor, no puedo evitarlo. Cada movimiento que haces al respirar, cada gesto de tus manos, cada una de las líneas de expresión que se te forman cuando sonríes y esa manera tan particular que tienes de ver al mundo, la transcribo en poesía…

Renunciaría a este don maldito con tal de regalarte la brisa del mar, la vista desde el acantilado y cada una de las estrellas que sirven de techo de este pueblo perdido a la mitad de la nada…

Y ahora, completamente borracho entre tus brazos, recostado en tu vientre como el primer día y descansando después de tanto tiempo y tantas otras que no llegaron a ser: ya no hay temor, ya no hay dolor, cualquier mala elección fue convertida en experiencia…

Y ahora, estás completamente borracha entre mis brazos en la calle de siempre. Aunque páginas atrás partimos a destinos opuestos, esta noche coincidimos en la entrada de mi casa, el lugar donde todo comenzó… 
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