Corazón de cebolla

12/3/09



¡Viva! ¡Qué viva! ¿Qué viva qué? ¡Qué viva la vida misma! ¡Qué viva la muerte! ¡Que vivan los vivos! ¡Qué vivan los muertos!



Indiscutiblemente el secreto está en los pequeños detalles, en las pequeñas peleas, en los pequeños chistes, en las breves caricias tímidas, en esa botella de ron compartida con cuatro amigos de toda la vida, en tomarme un café conversando con mi padre, en el olor del desayuno los domingos, en la palabra que se escapa de tu boca y en la duda que ésta siembra… 

Estoy claro que la puerta está entreabierta y es divertido observar cómo te asomas cuando te miro de reojo mientras cocino. No lo sé, sólo sé que las cebollas siempre me hacen llorar y tú me haces reír hasta los tuétanos…


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