Una serie de imágenes que parecían tener historia propia

12/3/09


La observo detenidamente detrás del vidrio. Está de espaldas, juega con su cabello, su respiración fuerte va al compás de mi taquicardia. Juega con su cabello, la sigo mirando mientras disimulo haciendo formas con el humo de un cigarro mal fumado. Finjo una mirada perdida en el horizonte repleto de nubes, si bien en realidad, mi mirada se pierde al seguir el movimiento pendular de su diminuta pero formada cintura.


No se percata de mi presencia. Coquetea con el cliente y lo deja más que conforme con su sonrisa tensa y nerviosa que no enseña los dientes. Juega con su cabello y lo despeina, camina mal bailando mientras tararea sus canciones desafinadas.

No voltea porque sabe que la espero desde hace horas sólo para verla unos minutos. Disfruto observarla mientras sube y baja una y otra vez por las escaleras de madera vieja y chillante. Me acerco caminando lentamente, mi teléfono suena, me regreso. ¡Tiemblo!

El encargo llega como se había acordado. Dejo de respirar, me bebo completamente el contenido de aquel frasco pequeño y sin nombre…   

Por fin sale de su faena, dos horas después de lo acordado. La abrazo por la espalda, me limpio el sudor con su camisa sin que se dé cuenta. Juego con su cabello, rozo sus labios con los míos, respiro su aroma, el olor de su aliento, acaricio su rostro con mis dedos. Le ofrezco un último cigarro, sonrío, la beso en la frente, la acurruco entre mis brazos mientras se queda dormida, juego con su cabello, le acaricio sus párpados y delíneo sus cejas… 

Me empiezo a quedar dormido, a delirar, a alucinar. Mi respiración se hace lenta y entrecortada. La aprieto entre mis brazos con mis últimas fuerzas. Se estremece, acaricia mi barba con sus manos temblorosas. Juego con su cabello, la beso por última vez. 

Sus pupilas están dilatadas al extremo, juego con su cabello, siento como su fragilidad se desvanece progresivamente hasta hacer símil con el polvo. Siento que la amo como a nadie en este mundo…

Decidí matarla dándole veneno de mi boca, la amaba demasiado como para permitirle que siguiera viviendo. Empiezo a soñar con ella, esta vez para siempre… 
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